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jueves, 23 de marzo de 2017

Por amor a Paula

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Solamente Paula era capaz de abrir la puerta a un desconocido vestida de esa manera. Supongo que sospechaba que era yo quién llamaba a la puerta y simplemente quería volver a torturarme.
Desde que recuerdo, Paula se había dedicado a torturarme, a mostrarse como el objeto de mis deseos y cómo algo que nunca llegaría a posees. Poco importaba que la halagara o le hiciera regalos. Paula sonreía y me ignoraba. Prefería coquetear con cualquiera antes que hacerlo conmigo.
Ella sabía perfectamente que la deseaba con todo mi corazón y aprovechaba la situación para torturarme y disfrutar con mi dolor.
Conforme pasaban los años más la quería y ella más disfrutaba haciéndome sufrir. Por eso me abría la puerta vestida de esa forma, era otra manera de que pudiera ver lo que tanto deseaba y lo que nunca podría tener.
Pero esta vez era diferente, esta vez había conseguido la “Costume Gun” e iba a tenerla de una forma o de otra.
Tengo que confesar que disfruté cuando puse el cañón de la pistola en la frente de Paula y disparé. Con una sonrisa en mis labios vi como el cuerpo de Paula se desinflaba mientras la piel se separaba de su carne y sus huesos.
En pocos segundos pude separar su piel de una carne sequerosa y apestosa que antes era Paula. Tuve un momento de respeto por la que durante tanto tiempo había deseado y no deje sus restos en el suelo, con cuidado los deposité sobre la cama y empecé a desnudarme. Poco después me estaba vistiendo con la piel de Paula. Esa piel era extraña, de una elasticidad sorprendente que al vestirla se pegaba a mi propia piel y notaba como la iba sustituyendo. Tuve momentos de placer cuando situé el coño de Paula sobre mis genitales y cuando las tetas paulinas colgaron de mi pecho. Poco después situaba cubria con su cabeza a la mía y un dolor tremendo cruzó cada una de mis células. Mi cuerpo comenzó a cambiar de tamaño y de forma y yo creía que moría de dolor. Perdí el sentido no sé por cuanto tiempo.
Cuando desperté supe inmediatamente que la “Costume Gun” había funcionado. Una mirada en el espejo me confirmó que yo controlaba el cuerpo, el aspecto y la identidad de Paula. Rápidamente me vestí con la ropa que Paula llevaba puesta cuando me abrió la puerta. Era maravilloso sentir la delicadeza de sus medias y su bra, así como la belleza que daban los tacones de Paula a mis nuevos pies. Probé mi voz y era la de Paula. Así que llamé a la dirección del hotel para denunciar que había un trozo de carne infecta sobre mi cama. Jamás nadie podría sospechar que Paula pudo causar este estropicio y que ese montón de vísceras sanguinolentas era la bellísima Paula sólo unas horas antes.
Esta era mi nueva vida que tanto había buscado, ahora era una mujer casada con una hija de 3 años. Era la mujer trofeo del millonario del pueblo y la mayor zorra de la ciudad.
Pero, sobre todo, ahora era paula, la mujer que siempre me negó su cuerpo, hasta que yo lo tomé a la fuerza para mi disfrute personal.

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