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lunes, 20 de marzo de 2017

La Inadaptada


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Alejandra era una persona muy desgraciada. A pesar de tener juventud, belleza y fama no era feliz. Era difícil de explicar, pero la persona que lo tenía todo no podía disfrutar de sus innumerables dones. A sus 23 años aún no había alcanzado el amor que ella creía merecer.
Los hombres la querían sólo por su cuerpo o por su dinero. Nadie parecía quererla por su buen corazón o por su personalidad dulce y amable. Siendo millonaria vestía con ropas destrozadas y salía a la calle sola para no intimidar a nadie y que la consideraran como una persona normal y corriente.
Pero eso tampoco parecía funcionar. Seguía asustando a la gente normal, mientras que las clases altas de la ciudad la consideraban como un caso perdido, una inadaptada que era incapaz de ser feliz y hacer feliz a quien la acompañara.
Cuándo se tiene mucho se corre el riesgo de no valorar lo que siempre se ha poseido. Y eso le pasaba a Alejandra, a pesar de tenerlo todo era incapaz de aprovechar sus dones. La vida cada día se le hacía más odiosa e insatisfactoria, aunque fuera una vida fácil y repleta de lujos. Así que un día decidió hacer el último paso. Quería acabar con todo. Desde la habitación más alta de uno de los hoteles familiares se asomó a la ventana, se subió al borde y decidió tirarse al vacío.
Respiró profundo, deslizó una pierna fuera de la ventana y reunió sus últimas fuerzas para acabar con sus desgracias, con su dolor y con su vida. Apenas le quedaban segundos de vida.
Ese fue el momento en que su alma iba a abandonar su cuerpo y cuando mi espíritu podía poseer el cuerpo de alguien que no amaba su vida y reanimar un cuerpo al cual podía dar con mi posesión nuevas fuerzas y nuevas esperanzas.
Fue fácil poseer su cuerpo. Alejandra no tenía ningún deseo de sobrevivir y aunque se dio cuenta como mi alma entraba en su cuerpo y expulsaba a su espíritu fuera del suyo no opuso ninguna resistencia. En pocos seguros tenía el completo dominio del cuerpo de Alejandra. Fue una sensación tan fuerte que estuve a punto de perder el equilibrio y caer de la ventana en la que de repente me encontré encaramado. Con cuidado bajé y me miré en el espejo. Era una auténtica belleza, pero abandonada física y mentalmente.
Este cuerpo se merecía una nueva posibilidad de triunfar en la vida. Y yo iba a dárselo. Iba a cambiar su estilo al vestir, iba a cambiar su forma de relacionarse con los demás e iba a gastar su dinero cómo si no hubiera un mañana.
En pocos días todo había cambiado. El cuerpo de Alejandra, conmigo al mando, daba muestras de alegría y felicidad. No tardé mucho en conseguir amigos, en organizar fiestas y en ser una de las chicas más populares de la ciudad. Estaba aprendiendo a ser mujer y a ser millonaria.
Pero necesitaba algo más, necesitaba conseguir lo que Alejandra siempre deseó pero nunca pudo conseguir, necesitaba llevar el cuerpo de Alejandra al máximo de sus posibilidades.  Necesitaba que fuera conocida y admirada a nivel mundial. Ser la más elegante y la más deseada. Y eso no podía conseguirlo en mi pequeña ciudad, necesitaba marchar a la capital y contactar con diseñadores, agencias de modelos y estilistas. Gente que me transformara por completo en la mujer que Alejandra merecía y deseaba ser y en la que yo me iba a convertir.
Pocos días después estaba en el aeropuerto para marchar a una nueva vida.
Poco más de 2 años después estaba de vuelta en la ciudad. Había utilizado mi dinero para comprar voluntades y compañías. En un principio había pagado para participar en desfiles de moda, pero ahora me pagaban inmensas fortunas simplemente porque estuviera de espectadora. Cómo modelo era una de las más conocidas y más solicitadas. Cómo hembra era el sueño de los hombres y la envidia de las mujeres, cómo millonaria había comprado a todos y a casi todos.
Había conseguido la vida de respeto y admiración que Alejandra siempre había deseado y que yo ahora disfrutaba desde su cuerpo.
No sé dónde estará Alejandra, pero algo es seguro, allá dónde esté deberá estar orgullosa de que su cuerpo haya alcanzado el destino y la felicidad por la que estaba dispuesta a morir y por la que yo, ahora, estoy viviendo.


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