jueves, 20 de julio de 2017

El Juego Extremo de un Cambiador de Cuerpos




Era un juego salvaje y mortal.  Y yo presumía de ser el mejor jugador que había existido, un juego tan sólo para cambiadores de cuerpo y para gente sin conciencia.
Cuando una persona tiene el poder de cambiar de cuerpo con el hombre o la mujer que desee, de vivir la vida que le apetezca o ser más viejo que la Historia. Cuando esa persona ha luchado en grandes batallas, ha matado, torturado y asesinado a sus enemigos y ha obligado a los hombres a postrarse ante él, entonces, todo resulta aburrido. Por eso, yo, jugaba a este juego.
Era un juego competitivo en el que debías demostrar que eres el mejor y el más poderoso “cambiador de cuerpos”. Las reglas eran simples, en la cima de un barranco nos reuníamos “tres cambiadores” en el cuerpo de nuestras montas. Las montas debían ser bellas y jóvenes. Nos abrazábamos y saltábamos desde lo alto del barranco. Tras saltar se produce una gran descarga de adrenalina, los sentidos se agudizan, las sensaciones son más intensas y durante unos segundos mágicos se puede convertir esa excitación física en placer sexual para nuestras compañeras, durante esos instantes debemos besarnos, hacer el amor, darnos placer y, lo más importante, ser el último que abandona el cuerpo de nuestra monta antes de que se estrellara contra el suelo. Al volver a nuestro cuerpo de origen decidimos quien había dado más placer a sus compañeras y quien había aguantado más tiempo en el cuerpo anfitrión y así nombramos vencedor.
Como decía, yo soy el mejor en este juego, nadie controla mejor que yo la excitación de los placeres extremos y nadie aguanta tanto rato, como yo, para abandonar el cuerpo de mi monta.
Pero aquel día tenía un reto superior a lo normal. Mis rivales eran dos “cambiadores de cuerpo” que nunca antes habían sido derrotados. Nos jugábamos el ser reconocidos como los mejores y eso era excitante.
Nos habíamos citado en el acantilado más alto de la provincia, algo más de 200 metros de altura y 7 segundos de caída libre hasta el mar. Yo había escogido el cuerpo de una rubia universitaria y me encontré agradablemente sorprendido por la elección de mis rivales. No sabía el nombre de sus montas, ni siquiera su edad, pero tan sólo con mirarlas sabía que sería fácil excitarme con sus cuerpos y sería fácil hacerlas disfrutar mientras caemos en el vacío.
Al borde del acantilado nos agarramos por los brazos para estar juntas y entonces salté. Inmediatamente noté como sus manos jugaban en mi coño, mientras yo estrujaba sus pechos e intentaba besar sus rajas. Llevaba dos segundos de caída cuando noté como la morena había encontrado el punto G de mi cuerpo. Olas de placer me inundaban. Llevábamos cuatro segundos de caída, y estaba disfrutando con las sensaciones que atravesaban mi cuerpo. Cinco segundos de caída, quedaban poco menos de dos segundos para que nuestros cuerpos se estrellaran contra el muro de agua. Intenté olvidarme de tanto placer extremo y me concentré en retornar a mi cuerpo. Sentí la vibración habitual del cambio de cuerpo, pero seguía cayendo, la mulata había cambiado su cuerpo con el mío, y yo seguía cayendo agarrada a mis dos rivales. De nuevo olas de placer cruzaban mi espina dorsal, esta vez causadas por la lengua de la rubia en mi nuevo coño de mulata. Tenía que hacer un último esfuerzo para escapar, el golpe contra el agua estaba a punto de producirse. De nuevo me concentré en volver a cambiar de cuerpo, pero otra vez era tarde, habían vuelto a intercambiar nuestros cuerpos antes de que pudiera escapar, ahora estaba en el cuerpo de la morena y ya era tarde para reaccionar.
Sufrí el choque brutal de mi cuerpo contra el mar. Sentí como se rompían mis huesos, como estallaban mis pulmones y como explotaba mi corazón. Pero no perdí la consciencia. Mi cuerpo destrozado y ensangrentado comenzó a hundirse en el agua y supe que iba a morir. Dentro del agua no podía expulsar mi alma e invadir otro cuerpo. Iba a morir ahogado entre inmensos dolores. Entonces escuché en mi cerebro la voz de mis competidores.
“Toda vida es sagrada y alguien con un gran poder como el tuyo debe ser responsable y respetar a los demás. No deberías haber jugado con la vida de nadie, porque siempre existe alguien más poderoso que tú y ese alguien también puede jugar con tu vida”
Mientras me hundía tuve ganas de llorar, pero no podía, ya no tenía ojos, quería pedir ayuda y abrí la boca y se llenó de agua….

martes, 18 de julio de 2017

Cálculos para un Pacto




Aún podía tirar la copa y huir. Podía vaciarla y pedir ayuda. Pero no lo iba a hacer.
El chantaje era abominable. Mark estaba aprovechándose de mis problemas económicos para robar mi cuerpo y mi vida.
Hace tan sólo una semana, Mark me ofreció intercambiar nuestros cuerpos. Lo único que tenía que hacer era beber una copa de champagne mezclada con la “droga del cambio” mientras él tomaba otra copa con la misma mezcla. De esa forma intercambiaríamos nuestros cuerpos. Yo estaría en el cuerpo anciano de Mark, pero, a cambio, tendría acceso a su fortuna y a sus cuentas bancarias y él estaría en mi cuerpo joven y bello y podría comenzar una nueva vida.
No soy la rubia tonta que él se imagina. No me va a engañar, soy más lista que él.
El sabor era horrible, noté mareos y nauseas, no pude soportar el malestar y dejé caer la copa al suelo. Sin fuerzas doblé las rodillas y cerré los ojos. Esperé unos segundos y los volví a abrir, de nuevo estaba en pie con la copa en la mano, subido en los tacones de Laura y mirando a mi viejo y patético cuerpo arrodillado en el suelo frente a mí. Lo había conseguido, había cambiado de cuerpo con Laura.
El canalla ha cambiado de cuerpo conmigo. La sensación es horrible. Este cuerpo es muy viejo, me duelen los huesos y la vista me falla. Estoy en el suelo y miro a mi antiguo cuerpo sonreír con satisfacción. Me cuesta trabajo levantarme, el cuerpo de Mark tiene muy pocas fuerzas. Pero lo hago. Es el momento de llevar a cabo mi plan.
Intentando no mostrar mi intranquilidad grito el nombre de mi novio. Luca abrió la puerta con una gran patada y entró a la habitación. Le cuento que ya hemos realizado el cambio de cuerpo. Que soy Laura y estoy atrapada en el cuerpo de Mark. Le pido que detenga a Mark antes de que intente escapar. Mi estancia en este cuerpo decrépito iba a durar tan sólo unos días. Hasta que yo pudiera vaciar las cuentas bancarias de Mark, llevar el dinero a lugar seguro y entonces volver a usar las drogas del cambio para regresar a mi antiguo cuerpo y disfrutar junto a mi novio de una vida lujosa y sin problemas económicas. Sonreí pensando en lo bien que habían ido mis planes cuando le pedí a Luca que agarrara a mi antiguo cuerpo y lo encadenara hasta que pudiera volver a estar en él.
Luca se acercó lentamente. Tenía un aspecto terrible. Un hombre de poco más de 30 años con el cuerpo de un atleta y la mirada de un asesino. Me agarró con el brazo izquierdo y tirando con fuerza me acercó hacia él, puso su mano derecha sobre mi nuca y abrió la boca terrible en un gesto de morderme.
Entonces me besó. Era el beso más intenso y satisfactorio que me habían dado en toda mi vida. Era mi primer beso como mujer. Durante un par de minutos jugué con la lengua de Luca en mi boca e intercambié su saliva con la mía. Después separé mis nuevos labios de los suyos y miré detenidamente a Laura en mi cuerpo. La veía temblar de miedo, estaba claro que ella no entendía nada. “Ayer pacté con Luca. Tú nunca le has dado lo que él quería. Yo se lo voy a dar todo. Le voy a enseñar a disfrutar los placeres prohibidos.
Por el dinero, no te preocupes, hace tiempo que no hay propiedades a nombre de Mark, todo está en paraísos fiscales y sólo yo conozco los números de cuenta y las contraseñas. Si Luca quiere disfrutar de los lujos de mi dinero tendrá que ser mi fiel esposo y un amante obediente”
No sabía que decir. Me quedé congelada en este cuerpo torpe, viejo y cansado, mientras veía como mi viejo cuerpo volvía a besar a Luca. Quería gritar, llorar, pedir auxilio, pero sabía que todo era inútil. Había perdido mi cuerpo, mi vida y a mi amante, para siempre.

lunes, 17 de julio de 2017

Todo por el Bien de la Familia



Bárbara nunca quiso ser famosa o admirada. Era una mujer espectacularmente bella que disfrutaba con su vida sencilla y monótona. Algunos años atrás había buscado un trabajo en el mundo de la moda, pero no nadie le ofreció una oportunidad y frustrada dejó de intentarlo, pero al menos le valió para conocer a Mateo. A mi amigo Mateo, un humilde profesor de Instituto al que le costaba trabajo creer su buena suerte de amar y ser amado por Bárbara. Mateo era mi mejor amigo y la persona que más quería en este mundo, por eso me alegré cuando me presentó a Bárbara.  Inmediatamente me di cuenta que Bárbara no sólo era guapísima, también era confiada y muy buena persona. No tenía dudas de que ella lo amaba y que jamás lo engañaría. Dos años después tuvieron una hija preciosa, rubia y delicada que los llenó de felicidad pero que también aumentó los gastos y las exigencias monetarias.
Pero nada parecía enturbiar el amor de la feliz pareja. Hasta que ocurrió lo imprevisto. Mateo enfermó repentinamente y tras varios meses de ausencia perdió su trabajo de profesor. Las facturas aumentaron con su ingreso hospitalario y Bárbara se vio obligada a vender las escasas joyas de las que era dueña, cuando ya no le quedaba nada de su propiedad hipotecó el piso y pidió un préstamo a un interés gigantesco. Como última salida me pidió ayuda. Me dijo que yo era el mejor amigo de Mateo y ahora me necesitaba. No soy un hombre millonario, pero de todas formas los ayudé con todos mis ahorros, yo iba a hacer cualquier cosa por Mateo, por su mujer y su hija. Mis ahorros sirvieron para pagar las cuentas durante varios meses, pero tampoco fueron suficientes.
Bárbara estaba desesperada y pensaba que todo estaba perdido cuando recibió una carta de un desconocido donde le ofrecía retornar a su carrera de modelo.
Era un golpe de suerte increíble. En el momento en que ella más lo necesitaba lograba un trabajo maravilloso, con un sueldo sensacional. Bárbara me dijo que no quería ese trabajo, que su deseo era quedarse en casa cuidando a su marido y a su hijita, pero que no tenía otro remedio que irse a la ciudad y aceptarlo. Me pidió que yo, personalmente, cuidara de ellos y la informara de cómo se encontraban.
Y así lo hice.
Durante más de dos años me convertí en la niñera de la hija de Bárbara y en la enfermera de Mateo. Los fines de semana viajaba a la ciudad y hablaba con Bárbara de su hijita y su marido y le enseñaba fotos y le contaba como la echaban de menos y deseaban su vuelta. Las citas duraban varias horas, Bárbara no se cansaba de preguntar por su familia. Pero conforme pasaban las semanas duraban menos los informes. Bárbara parecía abstraída por su trabajo, que cada vez parecía obsesionarla más y más. No pedía informes todos los fines de semana y comencé a hacerlo cada dos, luego cada tres semanas y finalmente de mes en mes. Y la duración de las reuniones también menguaba, alguna de ellas no duró ni cinco minutos. Por aquella época, Bárbara dejó de enviar dinero para cuidar a Mateo y a su hija, a pesar de que ganaba más que nunca.
No me quedó más remedio que llamarla por teléfono y pedirle una cita para tratar asuntos de una importancia vital. A pesar de la distancia, noté el miedo y la duda en la voz de Bárbara. Al día siguiente me reuní en ella en el restaurante del mejor hotel de la ciudad. Le dije que Mateo estaba sufriendo de un cáncer terminal y que en pocas horas moriría.  También le hablé de su pobre hijita que se negaba a dejar sólo a su papaíto y que preguntaba por qué no estaba mamá con ellos. Bárbara se llevó las manos a la cara y empezó a llorar, mientras repetía:”¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?”
Empezaba a anochecer y acordamos que volveríamos al pueblo cuando amaneciera. Bárbara había decidido abandonar su trabajo para estar al lado de su marido en sus últimos momentos. Pero esa noche, al volver a su habitación del hotel Bárbara encontró encima de la cama una cajita de madera, la abrió y dentro encontró una pistola que parecía de juguete liada en un paño de seda. También había una nota manuscrita:
“Este arma es la -costume gun- tiene el poder de convertir a cualquier persona en un disfraz que puede ser vestido por otra persona. Quien vista ese disfraz tendrá el aspecto y el cuerpo de la persona a la que se disparó. Esta es la salvación de Mateo, si él viste tu piel, él se convertirá en ti, tendrá tu cuerpo y tu salud y podrá continuar tu carrera de modelo y así YO no perderé mi inversión” Bárbara releyó varias veces la nota y reconoció la letra del hombre que le había ofrecido el trabajo de modelo.
Bárbara me envió un mensaje de texto en el que me contaba que iba a hacer lo necesario para que su marido y su hija pudieran vivir y llegarán a ser felices, y me pedía que fuera lo antes posible a su habitación. Nada más recibir el aviso corrí a su encuentro, sabía lo que ella planeaba hacer y debía encontrarla antes que nadie. Cuando labría la puerta de su habitación encontré una masa sangrienta y maloliente encima de la cama. Mezclada con tanta inmundicia estaba la clara y sedosa piel de Bárbara.
Había pasado lo que yo esperaba.
Y sonreí, porque yo había sido quien contrató a Bárbara como modelo para alejarla de su marido e hijita. Yo había sido quien le mandó la “Costume Gun” y yo había sido quien le había mentido sobre el estado de salud de Mateo, que se había recuperado por completo y estaba en casa esperando el regreso de su amada esposa.
Me desnudé y lentamente me puse la piel de Bárbara, noté como mis huesos crujían al cambiar de posición y sufrí de mareos y nauseas cuando vomité las grasas sobrantes. Fueron varias horas terribles, pero cuando finalizaron ya no era el amigo de Mateo, ahora era su mujer, la madre de su hija y su amante. Me vestí con las ropas que Bárbara tenía preparadas para el regreso a casa y recogí la “Costume Gun” que aún estaba en el suelo, en el lugar donde Bárbara se disparó a sí misma y dónde ella había cambiado para siempre mi destino.