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jueves, 11 de julio de 2019

Comprando Una Vida (1ª parte de 3)


Cuando llegué al laboratorio me costó trabajo reconocer el cuerpo de Carmen. Estaba clavada en la pared, a medio descuartizar. Su pecho, que estaba abierto como si fuera un libro, permitía contemplar sus vísceras aún palpitantes y malolientes. Todo era inmundicia y podredumbre. Era difícil imaginar que esa piltrafa humana había sido la muchacha más bella del colegio, mi sueño prohibido y la chica por la que había pagado una fortuna. Lo único que quedaba incólume y sin heridas era su cara que, sin embargo, estaba lívida y fría. Tenía los ojos cerrados como si no quisiera ver el horror que estaban haciendo con ella. Me sentía fatal, había pagado millones para que la convirtieran en un traje de piel, pero nunca me imaginé que el proceso fuera tan cruel y tan malsano. Me acerqué a su oído y con la voz rota por el dolor le susurré: “Perdóname, yo no quería que te hicieran esto”

En ese momento abrió los ojos llenos de sangre y se carcajeó de forma ruidosa. Luego estiró el cuello para acercar su rostro al mío y con todo el odio que había en su alma me dijo: Tú has pagado para que me hagan esto, pero te arrepentirás” Intentó contarme algo más, pero la sangre podrida que manaba de su boca le impedía hablar. Tampoco se lo permitió Mario, que entró en ese momento al laboratorio, le agarró la cabeza, le forzó a abrir la boca y con unas tijeras de trinchar pollos le cortó la lengua y la tiró al suelo. “Su lengua no nos sirve y ya no te molestará más” Luego sonrió con sus dientes negros y dijo: “No me mires con esa cara de odio, necesitamos que siga viva para que la piel esté fresca cuándo tú la vistas y no se acartone” Seguía sonriendo de forma maligna, disfrutando del instante. “Te voy a entregar una muestra de lo que has comprado, quítate la chaqueta y remángate la camisa” Mario seguía sonriendo, pero ahora los ojos se le oscurecían con un extraño brillo negro. Estaba colgando mi chaqueta de la percha cuando escuché un rasgueo, me di la vuelta y, horrorizado, contemplé como Mario cortaba con una sierra de madera el brazo derecho de Carmen. Me dieron ganas de vomitar y miré a la cara de la pobre Carmen. Ella tenía los ojos perdidos mirando a la nada, pero llenos de lágrimas y sangre, abría la boca para gritar, pero no salía un solo murmullo de su boca sin lengua. Recé para que se desmayara, pero no pudo, Mario le agitaba la cabeza y le echaba agua en el rostro para que no perdiera el sentido. Terminado su macabro trabajo, vendó cuidadosamente el muñón ensangrentado de Carmen y lo volvió a clavar a la pared. Luego, con unas tijeras pequeñitas hizo un corte a lo largo del brazo seccionado hasta la punta del dedo índice, con ambas manos tiró fuertemente de la piel y la fue separando de la roja carne que caía al suelo entre gotas de sangre. Cuando la terminó de arrancar la colocó sobre una mesa metálica y uso un cuchillo plano como si fuera un raspador para retirar hasta el último gramo de grasa. Con delicadeza colocó la piel dentro de una cubeta metálica con un extraño líquido verde y esperó 5 minutos. Con guantes de plástico la recogió, se acercó a mí y me dijo que la vistiera como si fuera un guante y que debía hacerlo antes de que se secara el líquido o perderíamos el brazo de Carmen para siempre.
Miré la piel húmeda en mis manos, luego a Carmen llorando clavada en la pared y después al sádico que le había hecho eso y no lo dudé. Recogí la piel y con sumo cuidado introduje mi mano izquierda dentro de ella. Era increíble, mi mano se deslizó fácilmente dentro de su piel que se alisaba y estiraba sobre mi brazo. Mis dedos encajaron a la perfección en los huecos de lo que habían sido los dedos de Carmen. Estiré el resto del pellejo hasta el codo y vi cómo se diluía en mi piel. De pronto mi brazo era más pequeño, con un tono claro precioso y con uñas rojas al final de mis dedos. Hacía años que no sentía tanta fuerza en mi mano. Mi cuerpo terminó de absorber el líquido y sentí el brazo de Carmen como si fuera el mío, Ahora tenía una mano pequeñita con los dedos largos y finos. Tiene dedos de pianista” me dijo Mario. Y supe que era verdad, sentía que con esa mano podría tocar fácilmente el violín y el piano con la misma habilidad que lo hacía Carmen en sus ratos libres.

5 comentarios:

  1. Woo o siempre tan orinal me dejas inpresionado y aterrorizado 😰 a la vez te puedo pedir un favor contactarme a través de Hangouts si

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    Respuestas
    1. Soy mas antigua que el hilo negro, Oswaldo.
      No sabía lo que es Hangouts. Intentaré instalar eso y conectar contigo, pero no te prometo nada, soy demasiado torpe.

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  2. Perdón quise decir original no orinal error mío perdón 🙏

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  3. Estas si son historias no como las que tengo en la casa te lucistes un tono oscuro pero interesante 10 de 10 sigue asi

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  4. Gracias Ranko, siempre intento hacer cosas interesantes, pero a veces lo mas interesante es ver donde me equivoco.
    jajaja

    Un saludo y gracias por pasarte por mi blog

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