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sábado, 19 de febrero de 2022

La Subasta (Historia en 3 captions)

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Me presento, soy Antonio Sanz, cazador de personas.

Durante años trabajé para conseguir los cuerpos que ancianos, homosexuales.es y pervertidos sexuales deseaban.

Lo primero que hacía era buscar un cuerpo joven y bello, después lo seguía, estudiaba sus hábitos y después lo secuestraba.

Para acabar, lo subastaba “on line” entre mis clientes habituales.

Una vez terminada la subasta preparaba a mi equipo médico habitual y realizaba el intercambio de consciencias. Cuando todo terminaba cobraba la tarifa pactada por mi trabajo.

Pero hace más de 30 años, la presión policial se hizo tan fuerte que me vi obligado a dejar de trabajar. No me importó mucho porque, aunque solo realicé 3 ventas de cuerpo en mis años de servicio, me produjeron tales beneficios que no necesitaba trabajar nunca más.

Mi vida era tranquila, con los lógicos problemas de conciencia y el temor a ser capturado por la policía. Pero una vida sin grandes preocupaciones y más o menos feliz.

De todas formas, seguía visitando la página de subastas de cuerpos donde seguían vendiendo sus “capturas” mis antiguos compañeros de oficio.

Y de esta forma finalizaron mis 30 años de vida tranquilidad.

Aquella noche recibí un aviso de subasta. Me conecté a la página y descubrí asombrado que el cuerpo que subastaban era, nada más y nada menos, el de mi hija pequeña. Mi querida Carmen, tan inocente, tan guapa, tan pura… tan desgraciada en esos momentos. Carmen era la niña bonita a la que siempre había amado y mi único motivo para seguir viviendo. Hacía un mes que marchó a estudiar a la ciudad y allí sería donde la capturó algún cazador de personas.

La subasta comenzó una semana después. Pujé con todos mis ahorros, vendí acciones y criptomonedas, hipotequé varias propiedades para intentar ganar la subasta y recuperar a mi hija. Pero siempre había alguien que pujaba más fuerte que yo. Finalmente, ganó la venta un viejo cliente mío. Ese hombre ya era viejo cuando pujaba en mis subastas hacía más de 30 años. Ahora debería tener muchos más de 80.

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Me puse a llorar pensando en mi pobre Carmen viviendo en el cuerpo de un anciano decrépito y pensando en lo que disfrutaría ese hijo deputa viviendo la vida de mi hijita de 16 años. No pude evitar las lágrimas. Pero no podía hacer nada para evitarlo.

Habían pasado 3 meses desde ese infausto día cuando Carmen, o el tipo que manejaba su cuerpo, volvió a casa. Vestía más sexy que nunca, aunque se notaba que le costaba caminar sobre sus gigantescos tacones. Me besó en los carrillos y me llamó “papá” Aparentemente no sabía quién era yo, a qué me dedicaba y que yo sabía que esa muchacha tan bella no era mi hija sino un monstruo inhumano.

No me hablaba con el cariño que una hija trata a su padre. Me decía que quería continuar sus estudios y que retornaría a la ciudad por lo cual no volvería a verla hasta el verano.

No podía soportar la idea de que ese anciano hubiera robado la vida de mi hijita me hacía tanto daño que me decidí a matarla.

Pero, pensé en una venganza más terrible que la muerte.

Utilizaría mis viejas habilidades como cazador de personas y mi influencia sobre mi “hija” para volver a subastar su cuerpo y retornar al viejo que había robado la vida de Carmen a un cuerpo anciano y cercano a la muerte.

Lo preparé todo y la cité en mi casa el día 30 con la idea de detenerla y subastar su cuerpo. Yo mismo pujaría en la subasta y si ganaba acabaría viviendo la vida de mi hija y si perdía me pagarían tanto dinero que olvidaría mis penas.

Cuando llegó el día 30 me conecté a la página de subastas y esperé la llegada de Carmen.

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Carmen fue puntual. Llegó a la hora establecida y en el momento adecuado para comenzar la subasta. Todo iba perfecto, sin dudar se bebió la droga que disolví en el café y no ofreció resistencia cuando la encadené a la pared.

Me senté frente al ordenador, presenté el típico aviso de comienzo de la subasta y esperé 30 minutos para comenzaran las pujas.

Iba a subir la imagen y los datos de mi hija para animar a los postadores cuando me llevé la gran sorpresa que cambió mi vida para siempre.

No tuve tiempo de subir la foto y los datos de la hija porque la subasta se inició repentinamente y sin que yo diera permiso.

Miré la imagen de la persona por la que estaban pujando y me llevé la gran sorpresa.

Era mi propia foto, mi imagen y mis datos. Me estaban subastando a mí mismo.

En ese momento entró en mi casa el cuerpo del anciano que había robado el cuerpo de mi hija y me dijo:

“Soy tú hija Carmen, no te preocupes papá, porque soy yo la que está subastando tu cuerpo. Quiero volver a ser familia de la nueva Carmen. Ella me ha prometido todo el dinero que necesite para ganar la subasta, me tratará con respeto y me cuidará para que tenga una viuda feliz.

Cundo gane la subasta cambiaré de cuerpo contigo y seré mi propio padre.

Tú serás este viejo hasta que mueras en pocos años, pero morirás con la tranquilidad de que tu hija y su padre van a ser felices durante muchos años”

La subasta terminó pronto y los acompañantes del anciano me arrastraron al quirófano donde iban a intercambiar nuestras personalidades.

Espero de todo corazón que mi hija y su padre sean felices el tiempo que les quede de vida.

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