miércoles, 6 de septiembre de 2017

Comprando un Nuevo Cuerpo

 
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Tengo tanto dinero que puedo comprar cualquier cosa que me apetezca. Puedo conseguir todo lo que se me antoje. Da igual que sea ilícito o inmoral, todo lo puedo comprar.
Acababa de cumplir 60 años y notaba que empezaban a fallarme las fuerzas, mi cerebro ya no funcionaba tan rápido. Por eso supe que había llegado el momento de cumplir el mayor reto de mi vida y poner en marcha el más ansiado de mis objetivos.  Había llegado el momento de cambiar de cuerpo, de volver a ser joven y además una mujer bella.
Contraté un grupo de investigadores que se encargaron de buscar entre las menores de 20 años a las más impresionantes, a las que hubieran demostrado poseer un gran coeficiente Intelectual y un cuerpo con el que pudieran trabajar como modelos de lencería. Sabía que no era un encargo fácil de cumplir y tampoco quería que lo fuera. Deseaba una búsqueda exhaustiva. Así que debía tener paciencia y me resigné a esperar más de un año hasta que me presentaron una lista con el nombre de 12 muchachas perfectas que cumplían todos mis requerimientos. En la lista aparecían las fotos de doce chicas con su historial médico y social, (descarté a 4 por la posibilidad de que en un futuro tuvieran problemas de corazón, o estuvieran sometidas a tratamientos siquiátricos). También descarté a otras 4 por ser de origen extranjero y tener diferentes costumbres o idiomas y me resultara dificultoso a adaptarme a sus vidas. Otras dos las rechacé por su pequeña estatura, no quería bajitas, quería un cuerpo de modelo de pasarela. Al final quedaron tan sólo dos.
Una rubia con cara aniñada que resultó ser la hija de un exitoso inversor en bienes inmuebles y una morena de 18 años que aparentaba 25 y cuya familia estaba arruinada. La elección era fácil. Elegí a la morena porque sería más barato comprar a su familia.
Una semana después me reuní con sus padres. Que resultaron ser un borracho y una drogadicta que no dudaron un segundo en venderme la patria potestad de su hija por poco más de 100000 euros. Horas después, la preciosa muchacha se había convertido en mi hija adoptiva y en la única heredera de mi fortuna. Dejé que pasaran dos meses y entonces avisé al equipo médico que tenía preparado.
Encontrar al Doctor Samuel resultó complicado, había sido expulsado de la Universidad y de la práctica de la medicina por “actividades inmorales e ilícitas” después de lograr trasplantar el cerebro de un hombre de 85 años al cuerpo comatoso de un joven de 14. La operación había resultó un éxito completo y aunque había salvado la vida del anciano la comunidad científica lo expulsó de sus organizaciones y nuestro gobierno lo exilió del país. Desde entonces había continuado practicado la medicina en territorio cubano donde había sido empleado para alargar la vida de la gerontocracia cubana. Tuve que pagar varios sobornos y comprometerme con la tiranía al regreso del doctor para que permitieran su salida. Al Doctor Samuel le ofrecí dos cosas, una gran cantidad de dinero y el compromiso a ayudarle a conseguir otro cuerpo para que el mismo volviera a ser joven.
No se retrasó mucho la operación, Samuel tenía prisa por cobrar el dinero y buscar un cuerpo para si mismo y aceleró el proceso. Yo no quería riesgos, no me fiaba del doctor y le pagué menos de la mitad, el resto lo haría efectivo con mi nuevo cuerpo y mi nueva vida. Pero a Samuel le pareció suficiente y puso en marcha el proceso. Me citó a las 10 de la mañana en una de mis mansiones donde había instalado el laboratorio. Cuando llegué encontré a mi nueva hija durmiendo sobre una cama de hospital en el sótano de la mansión. Estaba iluminada con grandes focos y no parecía que hubiera ninguno de los ayudantes que había contratado para él. Justo a mi lado había una cama vacía y Samuel me hizo un gesto de que me tumbara en ella. ¡Ha llegado el momento! me dijo mientras se ponía su tapabocas esterilizado. Me tumbé en ella y noté como me inyectaba un sedante. Después un segundo pinchazo y comencé a dormirme.
Estaba satisfecho, cuando despertara sería joven de nuevo.
No sé el tiempo que duró la operación. Sólo sé que al despertar noté el olor de flores que me rodeaba y sentí que estaba tumbado sobre un sofá. Por un momento temía que hubiera fracasado la operación, que no se hubiera podido llevar a cabo el cambio de cuerpo. Pero notaba el peso de mis nuevos pechos y el cabello largo sobre mi delicada espalda. Nunca había sido tan feliz y sonriendo me volví a dormir.
Horas después me despertó el doctor Samuel con suaves golpes en la cara. Intenté abrir la boca para quejarme, pero no pude. No podía hablar. Intenté abrir los ojos y mirarlo, pero tampoco podía. Mis ojos no se abrían y era incapaz de ver nada. Tampoco podía moverme. Pero pude escuchar la voz del doctor susurrando a mi oído. “La operación ha sido un completo éxito.  Acabo de demostrar que se puede intercambiar un cuerpo entre edades y entre sexos. Y no sólo eso, he instalado en tu cerebro un interruptor que me permite controlar todas las funciones sensitivas y motrices de tu nuevo cuerpo. Voy a hacerte el favor de que puedas ver.” Escuché el golpeteo de unos dedos sobre una Tablet y de repente mis ojos se llenaron de luz e imágenes. Ante mi estaba el viejo doctor y un joven rubio de una belleza exuberante. No sé porqué, pero mi cuerpo femenino se excitaba tan sólo con su presencia. “Este joven es Carlo y el cerebro que hay dentro de su cabeza es el de Laura, la muchacha a la que le has robado el cuerpo. Se me olvidó decirte que me gustan los hombres y le ofrecí a Laura trasplantar su cerebro al cuerpo de Carlo y que viviéramos para siempre juntos. Pero para eso necesito tu dinero y quiero que me entregues todas tus propiedades. Las flores que estás oliendo son venenosas, si no las aparto de tu lado en menos de 2 días comenzarás a sufrir alucinaciones tan horribles que después de tres días habrás muerto de un ataque al corazón. Si me dices cuáles son tus cuentas bancarias retiraré esas flores y en una semana controlarás por completo tu nuevo cuerpo.” Volvió a teclear en la Tablet y pude hablar de nuevo. Por supuesto que me negué a tan ruin trato. Pero en vez de enfadarlo pareció darle pena, me miró sonriendo y se marchó prometiendo que volvería en tres horas. No tuvo que esperar tanto. El veneno de las flores me estaba afectando y creía ver formarse en el aire cristeras monstruosas que me arrancaban la piel a grandes tirones. Sabía que eran alucinaciones, pero yo las sentía como si fueran reales. Así que a grandes voces reclamé la presencia de Samuel. Le di toda la información que me pidió. Toda mi fortuna era suya, pero al menos volvería a ser joven y bella cuando cumpliera su parte del trato. “Es el momento de que cumplas lo que pactamos en Cuba, estarás presente en mi cambio de cuerpo y después serás libre para siempre".
 Noté de nuevo los pinchazos del sedante en mi brazo, y mientras me dormía escuché a Samuel decir: “La operación la dirigirá Laura, que ha demostrado ser tan buena estudiante como tú decías y ha aprendido las técnicas en pocas semanas”
Esta vez tuve grandes pesadillas, y cuando desperté lo hice con la respiración agitada. Estaba de nuevo tumbado en el sofá y noté de nuevo el olor de las flores alucinatorias. Pero no era una alucinación cuando abrí los ojos y pude ver el bellísimo rostro de carlo que agarraba amorosamente una mano, la mano de Laura, la mano del cuerpo que había intentado robar.  La bellísima Laura me contempló con sus inmensos ojos verdes y me dijo:” Soy Samuel, siempre me gustaron los hombres y ahora tengo un cuerpo con el que también le gusto a ellos. Tú tienes mi antiguo cuerpo y ya he avisado a la embajada cubana. En pocos momentos llegarán miembros del servicio secreto y te devolverán a la isla. Así cumplirás tu promesa al gobierno. Yo me quedo a disfrutar de mi nueva vida, de tu dinero y de la compañía de mi amante” Levantó la mano de Marco y la besó. Podía moverme, pero no tenía fuerzas para hacerlo, este cuerpo era tan viejo como el mío, estaba cansado y acababa de salir de una operación de cerebro. Allí me quedé tumbado viendo cómo se alejaban para siempre.

 

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