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jueves, 3 de agosto de 2017

Layla


Layla era mi hermana, pero siempre me había despreciado.
Siempre me decía que los miembros masculinos de la familia éramos incapaces de usar la magia Y que yo era un ser despreciable con un potencial mágico muy básico que tan solo podía utilizar hechizos simples.
Que diga eso tu hermana es muy doloroso. pero lo que de verdad me hacía daño era la sensación de que todo era verdad, que yo era un estorbo para que Layla desarrollara los poderes latentes que habitaban en su cuerpo. Me dio un ultimátum, debía elegir entre abandonar la protección familiar o trabajar como su sirviente en la limpieza y cuidado de sus objetos mágicos, porque era el único trabajo para que el que estoy capacitado mágicamente.
Y debo admitir que tenía razón.
Hace años que sospechaba que mi hermana no me quería cerca de ella. Y yo deseaba que alcanzara los máximos niveles de la hechicería y que llegara a ser la poderosa bruja que estaba destinada a ser. Durante meses me dediqué a clasificar sus pócimas, a conseguir ingredientes e hierbas y a ordenar y etiquetar sus grimorios y libros mágicos.
Un día de limpieza encontré escondido detrás de libros enormes y voluminosos un pequeño cuaderno manuscrito que se titulaba: “Magia para Brujas Novatas”. Era muy antiguo y aparentemente había pertenecido a mi abuela, de la época en que comenzó a estudiar las artes oscuras y se convirtió en la bruja más dotada del sector Oeste de la Región. Pensé en entregárselo a Layla, pero después de tantos años la tinta estaba casi borrada, así que cumplí con mi trabajo de sirviente y me dediqué a reescribir las palabras casi borradas. Mientras retocaba el texto pude leer lo que mi abuela había escrito: “No hay límites para el poder de la familia y siempre existe una forma de superar las fronteras mágicas de todos los cuerpos. Si no tienes el poder para realizar un hechizo, róbaselo a quien pueda hacerlo” Y apuntaba una serie de ingredientes que permitían adueñarte del potencial mágico de otra persona. Era una fórmula bastante complicada y con componentes casi mitológicos, pero todo lo que necesitaba lo había etiquetado recientemente dentro de los frascos de mi hermana.
No quería que Layla me volviera a humillar, que me despreciara por mi nulidad como brujo. Por eso pensé en robarle sus poderes. Preparé los ingredientes y los mesclé con el té de Luna y Estrellas que mi hermana tomaba cada noche. No sospechó nada cuando lo bebió. Pero casi inmediatamente giró la cabeza y me miró con odio, dejó caer la copa al suelo y me preguntó: “¿Qué has hecho?”
Noté como mi corazón palpitaba con más velocidad, como mis venas se hinchaban y mi cuerpo se iba llenando del poder y la energía que escapaban del cuerpo de Layla. Nunca antes había sentido tanta confianza y tanta fuerza. Layla intentó acercarse a mí. Me bastó un movimiento de mi mano derecha para dejarla petrificada e inmóvil. Pero sentía mi corazón cada vez más acelerado, me daba la sensación de que mi cuerpo iba a reventar, la tensión en mis venas y en mis músculos era cada vez mayor, pareciera que el gran poder de Layla me fuera a descuartizar. No podía controlar tanta energía.
“Te había dicho que solo las mujeres podemos controlar el poder de la familia. Tu cuerpo de hombre no puede resistir tanto potencial. Si no entregas inmediatamente los poderes a mi cuerpo vas a tener una muerte dolorosa y terrible y cuando me los devuelvas yo misma te castigaré por toda la eternidad” Me dijo sonriendo.
“Espero que sea verdad” Le respondí. Me quedaban pocos segundos de vida. Había concentrado todos los poderes de Layla en mi cuerpo, pero iba a estallar como un globo demasiado inflado.
Y entonces usé la magia de Layla para que mi cuerpo tuviera la capacidad de controlar tanta energía y por eso cambié de cuerpo con Layla. Estos maravillosos poderes femeninos no pueden existir en forma masculina, así que retornaron a su cuerpo de origen arrastrando mi alma con ellos porque ya era su nuevo dueño.
Cuando el intercambio finalizó Layla se quedó dentro de mi cuerpo de hombre. Mientras tanto yo noté el roce del pelo de Layla en mi espalda, sus tetas en mi pecho y sentí el control de mi nuevo sexo sobre la magia. Sabía que era capaz de despedazar el cuerpo de mi hermano con solo desearlo. Me senté en una banca junto a la estantería y repasé el cuaderno de “Magia para brujas novatas”. Ya no lo necesitaba, ahora era una bruja experimentada y poderosa, así que lo guardé con un hechizo de protección para que nadie pudiera leerlo de nuevo.
Permití que Layla se moviera de nuevo y le dije: “Los hombres de la familia sois incapaces de controlar la magia, tendrás mi protección si juras que serás mi sirviente y me ayudarás en el arte de la magia”
Vi como Layla, en mi cuerpo lloraba, pero asentía a mis peticiones.

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